El sentido de la Propiedad


Por Dante Linyeri
Narrador precoz


El día que los árboles sacaron sus raíces del suelo y pudieron desplazarse y cambiar de lugar, las personas comenzaron a encadenar los árboles como si fueran perros.

Vencedores vencidos

Nietzsche Guevara
Revolucionario Bohemio






La reforma de la justicia llevada adelante por el gobierno nacional, encendió la pasión casi futbolera del pueblo argentino a la hora de tomar posición al respecto. Como expertos e idóneos en la estupidez colectiva, la plebe se manifiesta con pancartas que van desde “Por una Justicia Independiente”, al otro extremo que pide “Por la Democratización de la Justicia”. Lo triste de todo esto es que son dos mentiras del mismo calibre. ¿Desde cuando la justicia es independiente? ¿Desde cuando la política quiere democratizar algo?
Lo paradójico, es que de repente muchos de los que viven reclamando por la inseguridad, y denuncian la corrupción de los jueces y la falta de escrúpulos de los abogados a la hora de dejar libres a los delincuentes (y mejor ni hablemos de la policía), esa misma gente que vomita sus miedos por televisión y pide justicia como un mendigo desesperado, ese medio pelo encarnado es el mismo que salió a defender a la “Justicia Independiente”. Se la acusa y se la defiende al mismo tiempo. Karl Marx decía que la contradicción es el motor de la historia, pero esto no es ninguna contradicción, es producto del egoísmo hipócrita de los que quieren cagar más alto que el culo sin ensuciarse. Ni tampoco es historia, a lo sumo historieta. Como marionetas del ventrílocuo mediático, el medio pelo argentino reproduce el discurso prefabricado del poder y eyacula en un éxtasis ciudadano.

Del otro lado están los abanderados del resentimiento y el espíritu de la venganza, que apoyan la reforma del poder judicial, para que a nadie se le ocurra en un futuro tocar a los grandes salvadores de la patria de hoy. Quieren democratizar la justicia apoyando un proyecto de ley redactado por los delincuentes de turno que se cagan en la justicia una y otra vez, y que nos refriegan su impunidad todos los días en la cara. No hay un solo funcionario público que no se haya enriquecido o haya multiplicado su patrimonio desde que asume funciones en el Estado, desde la presidenta hasta el último secretario de un concejal municipal. Pero estos chirolitas nac & pop también son pasaletras, el ventrílocuo oficial les llena la boca con argumentos inverosímiles, en donde siempre está la corpo, Magneto o la oposición retrógrada de los 90’s, ensuciando a esta buena gente.  
Mientras tanto, diputados y senadores se reúnen en el circo del congreso para dar un espectáculo lamentable, en donde se echan la culpa unos a otros defendiendo intereses corporativos. Los opositores políticos son los abanderados de la vergüenza y la ley del menor esfuerzo. Son peores que este gobierno corrupto, porque se oponen a todo y no proponen nada. Pero salen a defender a la Justicia Independiente, esa misma justicia que no investiga el enriquecimiento ilícito de los funcionarios, esa misma que permitió los indultos de los genocidas, la misma que mira para otro lado mientras leyes y negociados siguen donando los órganos de nuestra patria. Ahí está la oposición, afectada por el ataque a las instituciones de la república y a la democracia, pero por dentro los quema el deseo de un golpe de estado, los quema la violencia desenfrenada que despliegan en los medios y en las campañas proselitistas.
La impunidad es la Idea del Poder, y está garantizada por esa Justicia que llaman Independiente. Los tres poderes viven entrelazados en una red de complicidad que hace posible este estado de cosas. La connivencia entre oficialistas y opositores, jueces y policías, abogados y corporaciones, hace que la idea de justicia independiente sea producto de la burla de un cínico mal parido.
Pero igual quédense todos tranquilos, porque en este país todo se reforma para que no cambie nada. Sino que alguien me diga qué tipo de revolución produjo la Ley de medios o la Ley de tierras. Puros golpes de efecto en la letra muerta de la ultrajada ley.
No hay que tomar posición en esto porque la farsa de una justicia soberana e independiente se termina cuando uno pone los pies en la tierra y vive el día a día sin justicia para los nadies, que somos nosotros, porque la peor escoria humana usurpó el poder y la justicia para que el nihilismo, el oscurantismo y la decadencia de los degenerados mentales y los delincuentes de destrucción masiva, sigan sometiéndonos a esta vergonzosa esclavitud llamada democracia.

El fetiche solidario

Nietzsche Guevara
Revolucionario Bohemio






Es impresionante como funciona el marketing de valores en las grandes cadenas informativas. Convirtiendo virtudes en mercancías que se pueden adquirir en el mercado de los desastres y las tragedias. Haciendo de las acciones nobles un fetiche social que todos quieren comprar para sentir la refrescante conciencia tranquila de la frivolidad moral.
Las grandes tragedias, como las últimas inundaciones por ejemplo, ponen a prueba la integridad, la salud y la fuerza de una sociedad. No quedan dudas de la solidaridad de los argentinos ante los grandes desastres. Los medios se encargan de saturarnos de imágenes, informes y datos al respecto. Donaciones, voluntarios, organización espontánea. Un síntoma, más del deterioro institucional y el fracaso político, que de la excelencia moral ciudadana. De hecho la solidaridad no es una virtud y no tiene ningún valor moral en sí. Es más un estado de ánimo, “la desgracia de uno es la desgracia de todos”. Es más una situación de hecho en una comunidad de intereses con una historia en común. Los nazis eran solidarios entre sí, la mafia funciona a través de una red solidaria; también las dictaduras, los imperios, las pequeñas comunidades de amigos. Por eso no es una virtud, porque la comparten héroes y villanos. En todo caso la generosidad es una virtud, la virtud del don. La solidaridad es demasiado interesada, demasiado virtual. Es egoísmo bien entendido o generosidad mal entendida.
Para que se entienda vamos con un ejemplo. Te van a presentar a alguien y te adelantan que es una persona generosa, valiente, sincera y dulce (y por qué no, divertida). Suena interesante. Ahora si te dicen que es una persona solidaria… Suena sospechoso. ¿Solidaria? ¿Con quién? ¿Por qué? ¿Qué intereses la mueven?
Lo mismo nos tendríamos que preguntar cuando vemos la saturación de propaganda solidaria en los noticieros, la exaltación y santificación de este pseudovalor que pretende esconder la basura debajo de la alfombra y hacernos sentir como los tres mosqueteros en medio de la desgracia. Y en la fijación que produce el fetiche solidario se empujan y se pelean por salir en cámara políticos de cualquier signo que quieren ser protagonistas de la farsa moral. Vuelven corriendo de sus vacaciones para delatar culpas ajenas. Responsabilizan a Dios por todos los daños y juran haber hecho lo que estuvo a su alcance. Pero gracias a la solidaridad del pueblo argentino y bla bla bla.   
Con esto no pretendo decir que la solidaridad no sirve para nada, todo lo contrario, sin ella estaríamos en el peor de los mundos posibles, es la que nos permite ser una sociedad y no una multitud.
Solidario y solitario se parecen, y es porque en las peores desgracias es cuando más solos nos sentimos. El solitario se solidariza para evitar el “sálvese quién pueda”, que es la máxima distintiva de la mafia política. En algo nos tenemos que diferenciar.
Sin embargo es necesaria la deconstrucción de este concepto que nos venden como desodorante en los medios de descomunicación. ¿La solidaridad nos hace mejores, nos hace más fuertes, o por el contrario nos debilita y nos deja en manos de los delincuentes públicos de turno? Somos solidarios, pacíficos y tolerantes, dice la propaganda institucionalizada. ¿Qué tipo de sociedad es esta? ¿Qué diferencia hay con las vacas o cualquier tipo de rebaño?
Las virtudes se sustraen a la lógica de intercambio. No te las pueden vender por televisión. No las podés comprar con un barato gesto de limosna. Ojo con esta cultura de mendigos y verdugos que fagocita el futuro con valores de ojalata. Cuidado con el confort moral de las pequeñas acciones que no producen grandes cambios. Porque la solidaridad deja las cosas tal cual están. 

La muralla de la demagogia

Por Justo Laposta
Filosofista - Opinólogo

Contemporáneo de las guerras de Aníbal, Shih Huang Ti, rey de Tsin, redujo a su poder los Seis Reinos y borró el sistema feudal: erigió la muralla, porque las murallas eran defensas; quemó los libros, porque la oposición los invocaba para alabar a los antiguos emperadores.
Quemar libros y erigir fortificaciones es tarea común de los príncipes; lo único singular en Shih Huang Ti fue la escala en que obró. Así lo dejan entender algunos sinólogos, pero yo siento que los hechos que he referido son algo más que una exageración o una hipérbole de disposiciones triviales.
Cercar un huerto o un jardín es común; no, cercar un imperio.
Tampoco es baladí pretender que la más tradicional de las razas renuncie a la memoria de su pasado, mítico o verdadero. 
Tres mil años de cronología tenían los chinos (y en esos años, 
el Emperador Amarillo y Chuang Tzu y Confucio y Lao Tzu), 
cuando Shih Huang Ti ordenó que la historia comenzara con él.
Borges – La muralla y los libros


El pecado capital de todo político es querer que la historia comience con él. Ya está en desuso eso de quemar libros y herejes. Hoy es mucho más efectivo la infinita repetición de un nuevo “revisionismo histórico” a medida, que vuelva a reescribir los libros; y la descalificación de los opositores y voces críticas, para anularlos en el panteón de los cipayos y vendepatrias.
La Argentina no tiene 5000 años de historia como los chinos, pero algunos personajes de nuestra historieta han querido quedar en los libros como grandes emperadores. El ejemplo emblemático fue Perón, quien fundó el Partido Justicialista y una nueva dinastía política que dejó profundas huellas en la historia nacional. Luego lo tenemos a Menem, la antítesis de Perón, el hijo bastardo de la derecha peronista, que quiso quedar en la historia desandando el camino hecho por el general. Y en las últimas hojas de nuestro libro aparece el matrimonio Kirchner, quienes se proclamaron hijos legítimos de la izquierda peronista, y por eso mismo se propusieron como Shih Huang Ti, quemar todos los libros (o reescribirlos como en “1984” de George Orwell) y construir una gran muralla para que la historia comience con ellos.

Sin embargo ningún peronista quiere que la historia empiece con ellos, para eso ya está el viejo testamento con su propio Moisés y la tierra prometida, es decir, Perón y la justicia social. En realidad, lo que quieren los “Neoperonistas” es que el nuevo testamento comience con ellos, ser el mesías, el cordero de Dios, que trae la buena nueva para la salvación de los pecados pasados. Para eso la historia ha sacrificado muchos inocentes, mientras los viejos profetas juraban la venganza en manos del Salvador: -Él volverá a traer la justicia para que las almas de los mártires puedan por fin descansar en paz!
No es muy difícil reescribir la historia política a través del simbolismo teológico para darla a todas aquellas almas sufrientes, a todos aquellos sedientos de justicia, para que se conviertan en nuevos fanáticos que aplauden y vitorean en medio del apocalipsis. Los evangelistas del nuevo testamento saben muy bien que no hay cuerpo resucitado, sino un cadáver descompuesto que hay que disimular bajo las santas túnicas de una retórica que hipnotiza hasta los espíritus más inteligentes. Ya no alcanzaba solo con multiplicar el pan y el vino en las choriziadas de Plaza de Mayo, había que refinar la mentira para los de panza llena y cerebro bien peinado. Había que tocar hondo en su corazón, apelar a décadas de indignación y sueños frustrados, a deseos de venganza, a revanchismos partidarios, y por fin, a la reivindicación de una Argentina en serio.
Por eso construyeron una gran muralla como nunca antes la política argentina había hecho. Esta muralla no está hecha de piedras, ni de libros, ni de dinero. Está hecha sobre discursos, sobre huecos ladrillos de palabras, que rodean su fortaleza y la hacen inmune a la realidad. Estos discursos sacados del mejor manual de Arturo Jauretche, los vistieron de un progresismo implacable, de un antiimperialismo intransigente y sobre todo, de los grandes restauradores de los derechos humanos. 


Pero sin embargo, formalmente, estructuralmente, económicamente, financieramente, nuestro país sigue los mismos senderos inaugurados por la última dictadura militar. 

Por eso debiéramos hacer como Shih Huang Ti, quemar todos los libros y derribar la muralla, para que la historia, de una vez por todas, comience con nosotros.





Entrevista a Nacho Paredes y Flor De Lupite – Transheterosexuales

Hugo Moyeja


Por Hugo Moyeja
Periodista Barra Brava







Los conocí el año pasado en la popular de Chacarita. Primero pensé que eran un travesti y un chongo. Me pidieron fuego, y entre seca y seca nos fuimos midiendo, como si fuésemos amigos de toda la vida que nos encontramos después de mucho. Nacho me pareció un tipo piola piola, y Flor me partió la cabeza sacándole brillo a su inteligencia, la tiene re lunga. Dos personajes fuera de serie, más revolucionarios que el Che, más grosos que los Rolling Stones o la Chicholina. Y no es una forma de decir. Le pasaron el trapo a toda la gilada, así de frente, a ver quién se la aguanta. No se comen ninguna ni andan en agachadas. Fueron entrevistados por varios diarios nacionales (Clarín, La Nación, Página 12) e internacionales (Washington Post, News Herald, Berliner Zeitung, Corriere Della Sera, entre otros). Su popularidad quedó enterrada en el olvido por esta sociedad careta que señala con el dedo a la “gente rara”; amigos de la yuta, chupa cirios insoportables que sueñan con un mundo de “gente normal”.
Por eso los entrevisto, para hacerles el aguante y darles el reconocimiento que se merecen. No son putos ni lesbianas, con el respeto que se merecen los putos y las lesbianas. Dieron vuelta todo el muyo de la psicoanalítica paranoide. Son parte de lo que yo defino como el Anti-edipo.
Sentados en un bar de Once, tomando unas birras bien frapé, comenzamos entre maníes y papas fritas.
(Se transcribe tal cual salió)


¿Cuándo te diste cuenta que eras mujer, como fue ese cambio en tu vida?

Flor De Lupite –Cuando era chico recuerdo que me tiraba el pito y las bolas para atrás y cerraba las piernas, y me veía esa conchita, y la sentía mía, mi conchita, mi hoyito, y me tocaba la conchita porque era mía, porque era mi conchita de mujer. Jugaba a las muñecas con mi hermana, me pintaba los labios, los ojos, las uñas, me ponía las bombachas y los vestidos de mamá y jugábamos horas con Julieta. Hasta que nos vio papá y me arrancó la ropa y me puso debajo de la ducha fría mientras me lavaba la cara con jabón y sopapos. Mamá no tenía problema. Hasta jugaba conmigo. Obvio que papá no sabía nada.

¿Te empezaron a gustar los hombres?

Flor –Lo curioso de todo esto es que al contrario de lo que todos piensan, a mí siempre me gustaron las mujeres. Me calientan, me excitan, me vuelven loca. No soy gay. Pero siempre me sentí mujer, por eso me empecé a vestir y a lucir como mujer. Jamás sentí deseos por un hombre, son dos cosas distintas.

Una cosa nunca vista. El travesti es homosexual por definición.

Flor –No. Al principio fui un travesti heterosexual. Por eso me hice conocida. Era la única traba que me cogía mujeres. Más de una lesbiana se llevó una sorpresa conmigo. Más de un hombre se sintió desilusionado.

Dijiste que al principio fuiste un travesti heterosexual, ¿Y después?

Flor –A los 35 años crucé las barreras de un viejo prejuicio y me operé en Chile. El Dr. Heberto Ludueña me hizo una concha hermosa. Pero siento desilusionarlos una vez más. Tampoco ahora me gustan los hombres. Por eso pasé de ser un travesti heterosexual a un Trans-heterosexual.

¿Qué sentís después de haber dado ese gran paso?

Flor –Siento que crucé todas las barreras de la lógica y las instituciones de la humanidad. Rompí con el principio de no contradicción aristotélico: soy heterosexual y homosexual al mismo tiempo y bajo la misma relación.

¿Estabas en pareja cuando te operaste?

Flor –Si, estaba en pareja con Nacho, una mujer travestida de hombre, como yo pero al revés.

¿Y qué pasó? Ahora ya no la podías poner más.

Flor –Por eso decidimos darle el golpe final a este sistema hipócrita creando un morboso y nunca visto oxímoron. Convencí a Nacho para que también se operara, ya que a él le atraía también el sexo opuesto.

O sea que él (o ella) se operó después que vos.

Flor –No, en realidad nos operamos juntas, nos donamos los órganos mutuamente. Yo tengo su vagina y ella tiene mi pene. ¿No es hermoso? ¿Alguien alguna vez en la historia de la humanidad hizo un intercambio tan íntimo y revolucionario? (Aplauden)

¿Qué es lo más loco de todo esto?

Flor –Que antes yo la penetraba a ella, ahora ella me penetra a mí. Ella que es “ÉL”, yo que soy “ELLA”. Un narcicismo sexual autorreferente absoluto. Yo me cojo a mi misma con mi propio pene, él se coje a sí mismo con su propia vagina. Nos cojemos a nosotras mismas a través del otro.

Pero de alguna manera dejaron de ser hetero ¿o no?

Nacho Paredes –De ninguna manera Hugo. A pesar de que somos transexuales somos heterosexuales biológica y sexualmente.

¿Cómo es eso?

Nacho –Yo nací mujer, y ahora tengo pene, pero genéticamente soy mujer. Flor nació hombre, pero a pesar de que tenga vagina sigue siendo hombre. Y somos una pareja en todo sentido heterosexual, mire por donde se lo mire, genitalmente, biológicamente, socialmente.

¿Qué otra locura hicieron?

Nacho –Nos casamos por civil y por iglesia un año después de la operación. Para joderlos a todos viste. En ese tiempo no existía el matrimonio gay ni toda la movida que hay ahora con la igualdad y todo eso. En la iglesia se negaron al principio, pero nos tuvieron que casar igual porque no éramos del mismo sexo. Somos hombre y mujer, le dijimos al cura mostrándole los documentos. Con vestido blanco y todo eh. Le tendrías que haber visto la cara al sacerdote. (Risas)

¿Están a favor del matrimonio gay?

Nacho –Estamos en contra. Primero por el título “Matrimonio Igualitario”. Si fuese igualitario no habría que aclarar nada ¿no? Nadie se percató del gesto fachista de esta institución. Al igualar marcan la diferencia con el “igualitario” viste. Si es igualitario entonces no es lo mismo. La hipocresía “progre” no tiene límites. Quieren igualar todo, pero nadie quiere un hijo puto en casa.

Flor –Por otro lado estamos en contra porque no hay una metafísica de la sexualidad sino de la genitalidad. La sexualidad se construye a través de una elección en el impulso del deseo. No se es hombre o mujer por los genitales con que se nace. Se puede ser hombre en el cuerpo de una mujer y viceversa, y también desear al sexo opuesto como en nuestro caso.

Sin embargo es contradictorio. Hay una homosexualidad latente.

Flor –Cabe hacerse cargo de la contradicción de que soy un hombre que se siente mujer y desea igualmente a una mujer. Hay ahí una especie de lesbianismo virtual, porque mi deseo hacia las mujeres es como mujer. Pero eso lo superamos después de la operación. Hombre y mujer, mujer y hombre. Los dos géneros unidos por igual. Eso es igualitario. No hay homosexualidad.

¿Qué es entonces para ustedes la homosexualidad?

Nacho –La homosexualidad es una etapa en la vida de todas las personas, que es normal y debería ser pasajera si no fuera estigmatizada y condenada por el narcotráfico moral ¿no? Todos de chicos nos sentimos atraídos por alguien de nuestro mismo sexo. La represión de la inclinación homosexual temprana, lleva a que esta pulsión surja tardíamente y se fije. Como dice Guillermo Nimo, "por lo menos así lo veo yo".

Pero acá hay algo que no funciona. Vos Flor sos un hombre que se siente mujer. Ahora, como mujer sos lesbiana. Te gustan las mujeres.

Flor –Por eso te digo, rompí con el principio de no contradicción. Soy homo y hétero a la vez y bajo la misma relación. Biológicamente hay hembra-macho. Genéricamente hombre-mujer. Sexualmente hombre-mujer.

Pero vos no eras travesti.

Flor -¿Como que no?

A los travas les gustan los hombres. Son putos

Flor -Ser puto no significa ser trava.

No, pero pero sí al revés.

Nacho –Lo que pasa es que vos pensás como los demás. No te dás cuenta del giro copernicano que dimos con Flor.

No me vengás con giladas filosóficas a mí. Yo entiendo como es el rollo, pero para mí un traba es puto por definición y punto.

Flor –Es típico de una mentalidad machista.

Un hombre que se disfraza de mujer para garcharse mujeres no es traba.

Flor –Yo no me disfrazo de mujer, “SOY” mujer.

Guardate las mayúsculas porque antes me batiste que eras un HOMBRE que “se siente” mujer, en sentido biológico, socialístico y filosofofístico.

Nacho –Estás borracho.

Igual que ustedes caretas. No me cabe este chamuyo. Ustedes me están enroscando.

Flor –Vos nos quisiste entrevistar.

Pero no sabía que eras un travestilesbiano. Son andróginos. Ahí está, eso sos, un travesti-lesviano, con guión, ¿se entiende?


Parece que no les gustó la definición. Nos cagamos bien a trompadas con Flor y Nacho en el bar. Un aguante terrible esta gente. Me dieron pa’ que tenga y yo también repartí. Rompimos sillas, botellas y un espejo. Nos echaron del bar con otra paliza, y terminamos en un tugurio de Constitución nuestra final borrachera, abrazados como marineros desbarrancados en una zanja hedionda del arrabal.
Cuando volvía en el bondi para casa sentí como que se habían mandado la parte. Más tarde me puse de pesquisa, y averigüé que el médico es amigo de la familia. No hay más data de la operación. Dudo de ellos. Pero es buena gente, y algún día van a ser reconocidos como lo que son, unos grosos, que tienen aguante, que le ponen el pecho a cualquier situación jodida, que no se agachan, y que si te agarran medio en pedo te pegan una garchada de aquellas, de esas que no te olvidas nunca más en tu vida. Decímelo a mí.



La paz no es verde

Por Justo Laposta
Filosofista - Opinólogo









La idea ecologista de que el hombre está destruyendo el planeta o que pueda llevar a cabo semejante empresa, es una pelotudez filosófica imperdonable. Pensar al planeta tierra como un ser vivo que el hombre puede matar, sería como creer que un piojo nos podría llevar a la anemia por succión. Un error de perspectivas.
Según la ciencia moderna la tierra tiene 6500 millones de años. Muchas cosas pasaron y fueron engullidas en sus entrañas, incluidos los dinosaurios. La superficie cambia, los seres vivos cambian, eso es todo. Podemos contaminar el aire, el agua, el suelo, podemos exterminar especies enteras, que los únicos perjudicados serán los mismos contaminadores. A la tierra poco le importa quienes son sus parásitos, la evolución biológica se encarga de seleccionar a los menos estúpidos. El hombre no destruye el medio ambiente, el hombre se destruye a sí mismo al no cuidar las condiciones naturales que hacen posible su subsistencia.
Los movimientos ecologistas son cómplices de este sistema depredador, distrayéndose en menudencias como el de salvar las ballenas, los pingüinos o escrachar un buque petrolero, en vez de generar un movimiento revolucionario de concientización señalando que el problema de fondo es nuestro modo de vida, basado en el terrorismo financiero, la pornografía de consumo y la política de esclavos sadomasoquistas, no el efecto invernadero.
Es curioso que cientos de prestigiosos científicos del mundo tengan una versión distinta sobre el efecto invernadero, la energía nuclear o la contaminación en general, y no sean tenidos en cuenta en los grandes foros ambientalistas. El monopolio de la verdad y la censura de los disidentes, está en manos de poderosas organizaciones ecológicas, que no son más que fachadas verdes del FMI y el Banco Mundial, que con la excusa de las “Áreas protegidas” o “Patrimonio de la Humanidad”, se apropian de los recursos naturales y destruyen las soberanías nacionales.
A pesar de ser organismos sin fines de lucro, lo que los exime de pagar impuestos, la información disponible en los registros públicos muestra que los ingresos totales de los movimientos ecologistas son superiores a los 8.500 millones de dólares anuales, mucho más de lo que ganan las grandes corporaciones contaminantes.
Por otro lado, comer sano o usar productos ecológicos es muchísimo más caro que contaminar el planeta o ir a comer al Mc Donalds, lo que nos da una idea del extraordinario negocio que hay detrás de las nuevas patentes para productos “amigables al ambiente”. Los filántropos de la naturaleza también cuentan billetes y toman Coca Cola.
La revolución social tiene que ser político-económica, ecológica en sus efectos, no en sus principios. Es decir, construir un modo de vida con nuevas formas de producción y de consumo que sean sanas y limpias, basada en una política de intercambio que no esté basada en la idea de la ganancia. De nada sirve escrachar buques petroleros, limpiar pingüinos o bajarse los pantalones en las escalinatas del Congreso si no cambiamos nuestro modo de vida. Si me limpio el culo antes de cagar, ensuciaré siempre mis calzoncillos. No hay que confundir los efectos con las causas, y la lucha ecologista está dada contra los efectos, dejando intactas las causas y los principios motores de esta enfermedad global.
Pese a todo lo que haga, el ser humano en algún momento dejará de existir, y la tierra estará miles de millones de años más girando alrededor del sol.
Por eso hay que lanzarle un rotundo NO al nihilismo ecologista y sus delirios místicos con el apocalipsis, una forma reaccionaria de afrontar los nuevos desafíos sociales y políticos.
No comas pasto, la revolución no la hacen las vacas.


Nota del Autor: este texto fue escrito para el Panfleto Atómiko de noviembre de 2011. 

¡A las Barricadas!

Nietzsche Guevara
Revolucionario Bohemio



Estoy harto de todo esto. Hundido en esa náusea existencial de la que habla Sartre en su novela. Siento nostalgia de aquellas épocas de represión que le daban sentido y valor a las protestas sociales, marchas y piquetes. Extraño los gases lacrimógenos y las balas de goma, las emboscadas de la caballería o el grupo motorizado de la Federal. Ardo en deseos de volver a estar en esas improvisadas barricadas callejeras, armados con palos y piedras, sintiendo el valor espartano a la hora de la batalla, o creyéndonos viejos anarquistas viendo volar las bombas molotov sobre los carros hidrantes.
Siento náuseas hasta el hastío en esta paz moribunda entre dominantes y dominados. El repliegue del aparato represivo estatal como estrategia cínica para dejar al desnudo una indiferencia asesina ante el grito agónico de la señora Democracia. El poder no quiere pagar más los costos políticos de nuevos mártires sociales.
La náusea roza la arcada cuando veo marchas del silencio, que sepultan gritos de venganza sobre toneladas de culpa y vergüenza, mientras los medios de comunicación con sus sofismos baratos aplauden este símbolo de debilidad extrema en aquellos que deberían haber incendiado Roma.
Me hundo en la tristeza y la decepción cuando esos piquetes en avenidas y rutas, que antaño eran reprimidos, son abandonados a su suerte, para que la estúpida sociedad los condene desde los noticieros que son Vox Populi.
El poder cambió sus armas. La represión hoy se hace a través de los medios de comunicación. El poder hipnótico del Gran Hermano logró expandir el virus del Miedo Abstractro (miedo a la inseguridad, a la gripe A, a la crisis económica, a la devaluación). El hombre perdió el miedo al hombre, esa es la náusea y el vacío. El hombre al perder el miedo perdió el respeto, no solo a sus enemigos, sino a sus semejantes. Nos enseñaron a odiar y despreciar, nos envenenaron el alma con el evangelio de la venganza y el resentimiento. Empequeñecidos por una ética tibia y relativa, disminuidos por una moral de esclavos sadomasoquistas, nos rasgamos las vestiduras cuando vemos el nicho de corrupción y delito que anida en el poder, mientras nos refugiamos en nuestras cómodas costumbres que viste nuestra hipocresía y aplaca con sobornos nuestra buena conciencia. Luego ejercemos nuestra ciudadanía lavándonos las manos en el cuarto oscuro, donde nuestro anonimato se refugia en el voto secreto.
No hay posibilidades de una revolución en un mundo de apariencias trasvestidas y caudillos discretos. No hay esperanzas de cambio en un pueblo adormecido en una paz que no se merece y que nunca conquistó. Mejores eran las épocas de mano dura y persecuciones, donde había que tomar partido y jugárselas, sin medias tintas ni doble discurso. Es preferible la violencia explícita de un dictador nazi, al genocidio indirecto de demócratas populares que esconden sus esvásticas y sus colmillos detrás de símbolos patrios.
La violencia de hoy es peor que la de ayer. El enemigo no tiene rostro. La traición del Poder es no mostrarse como verdaderamente es. Pero el ciudadano también se traiciona vendiéndole el alma al sistema mientras se queja por Facebook de lo injusto que es el mundo.
Siento náuseas. Siento nostalgia. Que vuelvan los Cordobazos, las barricadas, los palos y las balas. Que las marchas rompan el silencio que reprime el grito de batalla, que el estallido social no se refugie en banderas partidarias ni privilegios de clases, para que el poder político sienta de una vez por todas una amenaza real, el miedo a morir linchados por una turba iracunda.
Basta de cacerolazos. Me da vergüenza ajena esa protesta de ama de casa enojada. Es la peor expresión de una protesta, nacida del medio pelo argentino para sentirse protagonista de absolutamente nada. ¿Quién puede temerle a toda esa gente asustada por ver amenazados sus mezquinos privilegios de clase? ¿Qué seriedad tiene un movimiento que no pretende cambiar absolutamente nada sino cuidar celosamente el status quo?
Necesitamos una guerra total contra el Totalitarismo, vivir más peligrosamente. El mundo necesita volver a ser conquistado. Que esta paz de esclavos se derrumbe y solo los valientes vuelvan a medir sus fuerzas y dictar sus propios valores. Quizás retrocedamos cien años. Pero que más da. Sin náuseas y sin hastío tal vez se pueda construir algo más que una colonia agropecuaria al servicio de su Majestad.
¡Queremos represión, palos y balas de goma! ¡Queremos que se pudra todo para que de una vez por todas comience la revolución!